En un principio el texto señala la importancia de los educandos y como son ellos los que se deben plantear a un futuro no cercano, si no más bien lejano, en cuanto a transformaciones y cambios. Porque algo irrefutable es que a la par de que el mundo gira, también cambia. Actitudes, cosas, etc., que solíamos creer innovadoras, ya no lo son tanto en un mundo que varia de forma constante. Y es por es que es evidente que al suceder estas distintas transformaciones (económico, político, social y cultural), la escuela también cambia. ¿Pero la escuela está preparada para los cambios?
La información y la tecnología, que quizás hace algunos años, era muy escasa, ahora está al alcance de cualquier persona y de fácil acceso. Esta expansión de la información, disponible al instante, es uno de tantos, o quizás, innumerables cambios, producidos en el mundo, dan cuenta de que pocas cosas son inmutables y que los cambios son obvios.
Pero también es obvio que todos estos cambios repercuten de cierta manera en la escuela. Esta institución debe estar abierta a regenerarse y a adquirir nuevas estrategias que las ayuden para el cambio. La escuela en sí, debe adaptarse a los cambios evidentes de todas las esferas antes mencionadas, incluso en el contexto en que ella se encuentra.
La capacidad de cambio y adaptación debiese ser optima, para así ayudarse a si misma, no sólo a alumnos a generar o obtener nuevas formas de aprendizajes con nuevas tecnologías, sino que también a su plantel en sí, incluidos profesores; con nuevas estrategias de enseñanzas, basadas en las nuevas capacidades que estás tecnologías aparecidas gracias a los cambios les ofrecen; directores, con nuevas formas de dirigir la comunidad educativa, incluidas la cooperación entre sí y el liderazgo compartido, etc.
Entonces la escuela debiese ser una unidad de cambio, lista y preparada para las eventualidades que en el mundo pueden suceder. Pero no siempre está lista para esto, y todavía nos encontramos con cosas tan simples, como la ubicación de las salas o la forma de escuelas, que fueron propuestas hace mucho tiempo atrás y que aún siguen iguales. Es así como nos damos cuentas que profesores, llamados tradicionales o clásicos, aún se encuentran usando metodologías casi obsoletas para este siglo. Es que simplemente el cambio trae consigo un cierto temor de parte un sector de profesores más bien seniles. Los nuevos profesores tienen toda la disposición para adaptarse a las nuevas necesidades, pero generalmente, es difícil sacar a profesores que han estado haciendo clases con la misma metodología durantes años y de la misma forma, y trasladarlos a estrategias más radicales, nuevas y originales.
Es por eso que los inminentes cambios que se dan en el mundo afectan a la escuela y todos debiésemos estar comprometidos para ayudar de la mejor manera, a que dichos cambios, repercutan de forma positiva en la institución escuela.

Autor: David Tomás Soza Iriarte.
Pedagogía en Inglés.